Alejandro Forti: «La Bulgaris es mi forma de sacar lo que llevo dentro, es mi día a día»

Desde la tranquilidad de Pola de Lena, en Asturias, donde reside hace años, Alejandro Forti nos abre las puertas de su mundo. Un mundo que comenzó en las calles de Godoy Cruz, Mendoza, y que hoy, tras 24 años en España, sigue latiendo al ritmo de un rock barrial que no entiende de fronteras.

Fundador de «La Bulgaris Rock», Alejandro es un «caníbal metafórico» que ha sabido transformar las crisis en canciones y la distancia en identidad.

 

Sinda Miranda (SM): La Bulgaris nace en un momento complicado para Argentina, en plena crisis del 2001. ¿Es cierto que todo empezó con un instrumento roto?

Alejandro Forti, fundador de La Bulgaris Rock

AF: Tal cual. Todo empezó por un ‘bajo roto’ que compramos en medio del corralito. Éramos chicos de barrio que no sabíamos tocar nada, pero teníamos unas ganas bárbaras. Conseguimos una batería de un músico de jazz y hasta tuvimos a un compañero «misterioso» que apareció con un ‘acordeón que había sido de un músico de Sandro‘. Lo amplificamos de forma casera y empezamos a ensayar donde podíamos, en locales que se nos quedaban chicos, tocando en bares, cumpleaños de 15 o en el club YPF.

 

SM: El nombre del grupo tiene una historia curiosa que mezcla el latín con lo barrial. ¿Cómo terminó siendo «La Bulgaris»?

AF: Un baterista que probamos al principio sugirió «Prímula Vulgaris», que es el nombre en latín de una flor. Como yo vivía en Maipú y mi familia es conocida, la gente pensaba que era algo de «el primo y la vulgaris». Al final, lo acortamos a «La Bulgaris Rock» y así quedó.

 

Dale Play «Soy mendocino»

 

 

SM: En 2001, Argentina se derrumba y tomás la decisión de emigrar. ¿Cómo fue ese proceso de llevarte la banda a España?

AF: Sí, el país no daba para más. Primero llegué a Dueñas, un pueblito en Castilla al lado de Palencia, porque ahí estaba mi tía. Recién después de un año me fui a Huesca a trabajar como jefe de cocina; y, tal como prometí, los traje. Primero llegó Germán (bajo) y después Abel (guitarra), que para mí era como traer a «Maradona con la pelota bajo el brazo». En España pegamos un salto tecnológico, teníamos mejores equipos y empezamos a hacer ruido en una vaquería que alquilamos.

SM: Tu sonido tiene una mezcla muy particular. ¿Qué escuchabas en esos años que terminó definiendo tu estilo?

AF: Vengo de una familia muy fiestera, así que lo primero fue cumbia y cuarteto. Pero de adolescente me sentí identificado con el punk en la plaza de Godoy Cruz. Vi a Attaque 77 y a 2 Minutos en locales frente a la plaza, y también me marcó mucho ver a Pappo con todos los motoqueros en un boliche de Chacras donde yo trabajaba haciendo pizzas. Después vinieron los Fabulosos Cadillacs, La Renga, Divididos y Sumo. De ahí salió esa mezcla de rock and roll, ska y punk que después condimentamos con el acordeón, influenciados por bandas como Bersuit o Kapanga.

El primer concierto que me marcó fue el de Los Fabulosos Cadillacs. Ver a Vicentico arriba del escenario me hizo pensar que yo quería estar ahí, no abajo mirando. También me inspiró muchísimo el disco “El cielo puede esperar” de Attaque 77. Ahí ya tenía guitarra y fue como el empujón definitivo. Y después fui muy de La Renga, iba a todos los conciertos en Mendoza.

Cuando me compré la guitarra ya lo tenía claro, no fue para aprender, fue porque quería ser músico.

 

 

SM: Con el tiempo la banda se transformó. Pasaste de ese núcleo mendocino a tocar con músicos de diversas nacionalidades.

AF: La convivencia es difícil y nos terminamos separando. Pero no dejé que La Bulgaris se acabara. Formé otros grupos con músicos «peruanos, bolivianos y españoles». Eso enriqueció mucho el sonido; teníamos influencias de punk, funky, cumbia y emo. Fue una etapa de mucha mezcla, aunque siempre manteniendo mis letras y mi estilo.

SM: Hoy La Bulgaris es tu proyecto solista. ¿Cómo conviven tu pizzería, tu vida familiar y la producción musical?

AF: Hoy lo hago todo yo. Uso programas e inteligencia artificial para editar audio y videos, pero ojo: las letras son 100% mías y los ritmos los defino yo. No dejo que la máquina decida porque queda todo muy cuadrado y yo quiero mantener ese aire callejero. Sigo cantando sobre Potrerillos, la calle San Martín y el Tomba. Para mí, la música no es un trabajo, es una necesidad de sacar lo que llevo dentro.

 

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SM: ¿Cómo es tu proceso de composición? 

AF: Para mí la base siempre es la letra. Puedo estar días dándole vueltas a un verso. Soy muy de la «vieja escuela»: educado a la antigua y radical con mi filosofía. No me interesa lo comercial ni las discográficas que solo quieren aprovecharse del artista haciéndote firmar derechos para ellos. Prefiero seguir siendo auténtico, aunque no me haga rico.

SM: También sos boxeador y chef profesional. ¿Hay una conexión entre la cocina, el ring y el rock? 

AF: Totalmente. Yo hago las pizzas artesanales, tiro la masa al momento, mientras que ahora la mayoría come pizzas congeladas. Con la música pasa lo mismo: yo sigo con lo tradicional aunque el mundo vaya hacia lo prefabricado. Y la batería… para mí, la batería era como un saco de boxeo, una forma de descargar todo lo que llevaba dentro.

SM: ¿Qué recuerdos te quedan de los primeros ensayos de La Bulgaris en Godoy Cruz? 

AF: Los comienzos de Bulgaris fueron a puro pulmón en un altillo, con una guitarra prestada y un bajo roto. Recuerdo el Sanjón cerca de la escuela Caseros, donde vivían algunos de los pibes de la banda; uno de los integrantes hasta dormía ahí en un colchón. Eran épocas intensas, de mucha convivencia, y como digo siempre: «la convivencia mata a cualquiera».

SM: ¿Sentís que sos un «profeta fuera de su tierra»? 

AF: Soy muy consciente de que es difícil triunfar en la tierra de uno, y más en Mendoza que a veces es un poco cerrada. Pero sé que allá hay mucha gente que me escucha y me encantaría que nos conocieran más. Si algún día vuelvo de vacaciones, lo primero que haré será buscar a esos colegas con los que compartí el sueño. Moriré con la música, eso no me lo va a quitar nadie.

SM: Para cerrar, Alejandro, ¿qué le dirías a quien hoy descubre tu música en «Tal Como Soy»?

AF: Que escuchen sin prejuicios. Hoy todo va muy rápido, pero yo sigo apostando por «canciones completas, con historia». La Bulgaris nunca se va a acabar porque es mi vivencia y mi historia, yo seguiré componiendo y creando, porque me encanta…»

 

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