La música que escuchamos en la adolescencia es la que nos va a acompañar durante toda la vida porque es la que nos hace vibrar en ese momento cúlmine de formación de la identidad.
Sobre el proyecto fotográfico, Pau Cicogna menciona que “al descubrir esa usina de amor que se estaba gestando en Vuelta de Obligado al 3200, en el barrio de Nuñez, recordé mis años de radio, de fiestas de la secundaria, del contacto por medio de amigas de la escuela con su Club de Fans, recitales, e infinitas tardes de verano escuchando su música con amigxs”.
Cicogna comentó que fue “ahí que surgió la necesidad de documentar y contar cómo personas de toda América Latina acompañaron a su ídolo durante tantos años, cómo se gestó ese proceso amoroso entre lxs fans, Gustavo y su familia a partir del permiso concedido por el dueño del garage, que se encontraba frente al lugar, y que permitió que esa pared contuviera esas muestras de afecto hacia el músico porque él también era fanático de Soda Stéreo”.
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